A la niña que fui.

Llevo varios pasos más que tú, y hoy quiero juntarlos para acolchar tus caídas.

Tengo un deseo muy grande que me revolotea el corazón; quiero que seas inmensamente feliz, que nunca olvides que la vida es un juego y hay que aprender a sacudirnos el polvo y seguir jugando, así, con las rodillas ensangrentadas y las lágrimas negras, quiero que nunca dejes de reír a todo pulmón.

Me urge verte feliz todos los días y amurallarte el dolor cuando quieras llorar, no le temas al sentir, abraza la vida y acepta que no eres mala como te han hecho creer, simplemente eres tú, única y hermosa, llena de pasiones y ganas de comerte el mundo.

No te asustes si sientes que ya te quedas chica, tal vez dejas de desarrollarte físicamente pero tu interior sigue creciendo, evolucionas, cambias, te transformas, y es normal y está bien. En ocasiones lo queremos solucionar con ir a comprar ropa nueva, así como nos enseñaron, crecemos y cambiamos de ropa, pero un pantalón más largo esta vez no es la solución, basta de burdos placebos y acepta que cambiaste.

No es depresión, solo estás evolucionando y ya no cabes en la mujer eras, no debes de juzgarte por crecer y cambiar, es totalmente irracional que quieras detener las olas del mar, porque no habrá presa que te detenga sin que termines desbordada en llanto.

“Amate, Acéptate y Vive”

En la vida siempre habrá gente que llegue y otras que se vayan cuando cumplan su ciclo en ti, es importante dejarlas ir en armonía, pero aún más importante es cuidar a los que se quedan y nos hacen bien todo el tiempo. Crece sin lastimar, camina sin pisar a nadie y vuela muy alto sin arrancarte de raíz.

Me urge verte feliz, me urge verte llorar sin culpa, me urge verte domando tus demonios y escuchando atenta a tus ángeles, me urge mirar cómo te amas sin criticarte y amando sin medida, sí, amándote a ti más que a nadie para poder amar a los demás.

Deja de buscar episodios de dolor, deja de llenarte los ojitos con gotas de limón, de pellizcarte con suposiciones de un tal vez que te inventaste, deja de diluviar y sé tu propio arcoíris. Deja que la vida se goce en ti, no permitas que la costumbre llegue y se mute con la tristeza. Acostúmbrate a tu risa que siempre será tu mejor compañera.

He fallado de formas tan deliciosas que aprendí a besar mis heridas y verlas como brechas a rutas nuevas, dejarás de buscar destinos cuando te enamores del camino.

Echa fuera de ti a la culpa, aprende a viajar más ligera, mira que nadie vivirá ni morirá por ti, aprende a reconocerte en el espejo y aceptar tu evolución antes de que se convierta en destrucción, y no logres reconocerte entre los escombros, deja de tragarte mentiras disfrazadas de verdad, no eres mala, no eres culpable, simplemente eres tú abriendo las alas sin dejar de caminar.

Llegué y aquí estaré hasta que la vida.

Claudia.

Anuncios

Felices 80 vueltas Papá. 

No sé lo que se siente no quererte, no sé lo que se siente estar sin ti, y le pido a Dios nunca sentirlo.Siempre has sabido cuanto te amo y lo que significas en mi vida, pero creo que nunca te lo había dicho por escrito, y hoy que cumples una vuelta más al sol es una buena oportunidad para hacerlo, y sobre todo agradecerte por todo lo has hecho por mí.

Pá, gracias:

Por amarme desde el momento en que nací, por verme única e irrepetible, por hacerme invencible y frágil cuando estoy a tu lado, por ser mi refugio, mi torre fuerte y el lugar donde todo siempre estará bien, gracias por ser la niña de tus ojos y nunca envejecer cuando me miras.

Quiero que sepas que has hecho un excelente trabajo, tanto que te ha salido natural, así, como si no fuera trabajo ser mi papá. Agradezco infinitamente tu cuidado, gracias por consentirme, abrazarme y cantarme, por enseñarme a luchar por lo que quiero, por darme las herramientas necesarias para vivir de la mejor manera, por respetarme como persona, mujer e hija, por ser mi amigo, por saberlo sin decirte, y abrazarme sin nunca pedir explicaciones. Gracias Pa por permitirme vivir en una burbuja, y ahí, dentro de ella, guiarme.

No hay manera de escribir cuánto de ti llevo en mí, te amo con cada gota de mi sangre y agradezco a Dios ponerme en tus manos. Gracias por cuidarte y amar la vida como lo haces, porque también así nos has dicho cuanto nos amas, gracias por todas las veces en carretera, porque jamás mostraste más debilidad que el amarme, por hacer de nuestro hogar una fortaleza, por ser mi súper héroe favorito, por morderte la lengua antes de cortarme con ella, por callar, por decir y por saber la medida exacta del sonido, por la música que sembraste en mí, por todas las veces que me dijiste “no” aunque me revolcara en llanto, por salvarme de mí misma y prevenir mis torpezas.

Por eso, por todo y más. Te amo infinitamente y sabes que el amor de mi vida has sido tú.

Feliz cumpleaños Papy, y que Dios me permita disfrutar de tu amor mil años más.


Memorias de un día llamado: Tú.

Cuando a uno le da por ponerle rostro al amanecer, el pie derecho es levantarse del lado de la ilusión, del ojalá, del quisiera, pero sobre todo del haré lo posible. 

Y te veo columpiándote en mi sonrisa con la misma inocencia del que se cree infinito, te veo y la vida me recuerda de qué se trata la felicidad, de qué se trata el aroma a café, el aroma a lluvia y el viento fresco entre las copas de los árboles, te veo y los hilos son de tisú, te veo para guardar todos los instantes en la memoria de mi alma, te escucho y eres del tamaño exacto de mis ecos llenos de vacío, te escucho y no hay mejor soundtrack para mis días, te escucho y todo se expande, todo se vuelve cierto, eres justo eso que cuando aletea hace volar, volar sin dejar de sentir la arena y la espuma del mar en los pies, eres justo eso que me trae el mar a domicilio, la chispa que se necesita para que todos los engranes de mi cuerpo giren. 

Contigo dejé de cuidarme del abismo para disfrutar de la vista que ofrece, contigo el horizonte me queda tan claro que el paisaje parece destino y no solo parte del camino, contigo las lágrimas son de risa, son de vida, son de toda la verdad que necesito creer.

Y eme aquí, escribiéndote a mano, así, real, imperfecto, cierto, y con todos los relieve que le causa este querer a mi día, a mi día llamado: Tú.


Un día de estos.

Un día de estos.

Te cambio un día de estos por un día de aquellos, donde la vida era menos complicada, mejor dicho donde la hacíamos menos complicada. Está bien, donde yo era menos complicada.

Era tu llegada el mejor momento del día y el reloj mi aliado cuando tus brazos marcaban los minutos de mi tiempo. Justo hay un momento que guardo entre toda la inmensidad de recuerdos a tu lado, fue esa la primera vez que latiste dentro de mí…

No sé hablar de ti sin que la complicidad suene como música de fondo, había dos vasos de licor en medio de los dos, viento fresco y prendas enrojecidas deseando caer. Tal vez tu manera de verme así como si me fuera romper, dulce, suave, infinita, y tus manos queriéndome hacer trizas, justo esa combinación letal que bien podría ser la droga que terminará matándome, dulce y fuerte como el café que me hace el amor todas las mañanas.

Así sin decir más nos fuimos de ese lugar lleno de desconocidos creyendo conocernos, tomaste mi mano como quien sujeta un puñado de pesadas esperanzas, apostado todo justo a la nada.

Dos de la mañana, frio que escarcha en un auto de cristales que sudan, ganas de gritan y un terrible miedo a que la llegada sea justo nuestra despedida, recuerdo que quise hablar y las palabras se resistían a salir. Junto a ti temblando como una hoja lista para ser escrita no me atreví siquiera a preguntar el rumbo, mira que si había humedad entre los dos que hasta la lluvia se quiso asomar. Conducías sin hablar mientras se escuchaba Gravity de John Mayer, acaricié tu mano y frenaste en aquel callejón, agaché la mirada y levantaste mi barbilla con tus manos, me besaste los parpados suavemente, la nariz, las mejillas, tus labios dulces tan llenos de ti comenzaron a abrirse suavemente para besarme por vez primera, sentía que el corazón se detenía mientras la vida se hacía presente en tu boca, me besaste tiernamente mientras tomabas mi cuello entre tus manos, tu lengua nunca me dijo tantas cosas como esa noche, no dejabas de besarme ni por un momento mientras desabotonabas mi blusa azul, yo simplemente me dejaba llevar tus manos, no podía abrir los ojos quería verte desde dentro mientras me llevabas a ti recorriéndome entera, lentamente acariciaste mi pecho con los dedos hasta llegar a los senos, no dejabas de besarme y yo no dejaba de empaparme de deseo. Me dijiste al oído –tranquila, confía en mí-, yo solo asentí la cabeza sollozando.

Besabas mi cuello mientras bajas el tirante del  sostén, besos y más besos hasta que sentí tus dientes rodeando mis fríos pezones, sostuve la respiración un momento pero solo fueron exquisitas caricias con tus labios, lengua y dientes, qué maravilla qué magia.

Nos pasamos al asiento de atrás, estabas sobre mí dejándome casi inmóvil, comenzaste a acariciar mis piernas y al mismo tiempo subías mi falda negra buscando destrozar el encaje que ya goteaba de deseo, me acariciabas de una manera tan perfecta como si tus dedos bailaran en mi vagina al ritmo de mi corazón, bajaste querías probar lo que tantas veces habías provocado, tu lengua firme jugando con mi clítoris haciendo círculos, chupando, mordiendo como queriendo arrancarme la vida por la boca, lamias hasta el culo yo estaba completamente perdida en ti, gimiendo, gritando y con el deseo de vaciarme en tu boca, trataba de esperar hasta que sentí tus dedos penetrarme fuertemente, grité vaya que grité, me sentía aturdida solo podía escuchar el sonido de tus dientes rompiendo el plástico del condón, te lo pusiste rápidamente y me dijiste; -ven, súbete no importa que no te muevas-. Me subí exhausta, quería ser suave pero me tomaste entre tus brazos y me penetraste fuerte y rápido, sentí un rio de electricidad recorriéndome, entre tus brazos apretados subía y bajaba, me sentía completamente drogada de ti y de nuevo, sumamente caliente, apretaba la vagina al bajar cada vez, podría ver tu cara de deseo y tus hermosos ojos entre cerrarse, te dije –me voy a venir-, dijiste; -hagámoslo justos, nena-. Me giraste y quedaste sobre mí moviéndote muy fuerte y duro, me hiciste la guerra disfrazado de amor, apreté tus nalgas mientras mis piernas te abrazaban y tú querías devorarte mis pezones. Los cristales del auto eran ya blancos como el líquido que estaba por salir de ambos. Terminamos rendidos, tú, hermoso jadeando sobre mi pecho y yo disfrutando del paraíso que era ser tuya por primera vez.

Ojalá un día de estos como aquellos.


Cobardía.

Te veo y culpo al tiempo, a las circunstancias y a mis ilusiones suicidas, te veo y eres el tamaño justo de mis esperanzas, tus defectos caben en mis disculpas  y tus encantos en mis ganas.

Te veo y llora el futuro lleno de añoranzas, lleno de culpa disfrazado de un hubiera temblando de cobardía. Eres tan estúpidamente perfecto, la dinamita adecuada para mis derrumbes, eres y serás mi mayor arrepentimiento, el monstruo debajo de todos mis miedos y el paraíso deseado de los calcinados.

Y dime vida qué se hace cuando eres tu propio muro, dime qué se hace para romper un cascaron que no se alcanza y a la vez asfixia, mira que si la música no es capaz de desatar los nudos que llevo en la garganta dime entonces dónde la sensibilidad para combatir mis temores, dónde las garras entre los puños apretados, mil veces maldita mi cobardía por culpar al viento que no me lleva al puerto de tu calma. Y eme aquí siendo cobarde que aún no existes y ya llevo la penitencia de los pecados que no te cometeré.


Niño de cuna

Uno se vuelve un poco loco con lo nuevo, ese aroma a oportunidad, a estrenar, a lucir, a no tener nada que reclamar, lo nuevo sólo se disfruta se lleva puesto sin culpa, lo nuevo causa deseo y otras veces envidia. Tal fue mi caso, que hasta envidié mi propia dicha, logré ser tan profundamente feliz cuando te conocí que me volví loca, te amé tanto que envidié el camino que recorrías sin mí, odiaba tu sombra que era más cercana a ti que yo, envidiaba todo lo que te tocaba que no eran mis manos, pero te aseguro que todo era amor.

Recuerdo que cuando te vi por primera vez no entendía cómo había podido vivir toda una vida sin conocerte, vaya locura como lograste robarme el corazón a primera vista, sin tan sólo hubieras sabido que ya te pertenecía desde que te esperaba. Siempre fuiste mi poema favorito.

Se me salan los ojos al escribirte esto, me siento tan apenada contigo por no ser ni la mitad de perfecta que eres tú, sé que ya has perdonado mis descuidos porque eres toda pureza, tu corazón no conoce maldad, así como mi vida no conoce de mí sin ti.

He estado tan enferma que no entiendo cómo sigues viniendo a verme, cómo sigues jugando conmigo, eres tan perfecto que tu risa ilumina todo lo que toca y lo que no logra tocar se pone a llorar, tan hermoso con tus grandes ojos y tu cabello ensortijado, mas esta vez renuncio a la narrativa porque se me escuecen los ojos ante tanta lucidez.

Mi amor, sólo quiero que me prometas que no creerás lo que dicen por aquí, tienen años empecinados diciendo que ya no estás, que sólo te imagino, que debo de continuar con mi vida, que no ha sido mi culpa, que seguramente las personas que te arrancaron de mis brazos te cuidaron como yo, ¡va! Qué tontería más grande, quién te va cuidar cómo yo, son tan estúpidos que  hasta le han perdido interés al color, bueno, aunque aquí todo es blanco tú lo llenas de colores mi pequeño gran amor.

Hoy tengo una chispa de cordura y no puedo, me resisto a vivir un día más sin tu risa, sé que esta soga dolerá menos que tanto nudo que me he tenido que tragar cuando me doy cuenta que ya no estás, espérame que corro a verte mi pequeño niño de cuna.

                                                                                  Dedicado a todas las víctimas del secuestro                                          infantil.

 

 

 


Carta

… y me quedé como esas cartas que se escriben llenas de ilusión, con todas las ganas de ser leídas una y otra vez, con ganas de estar sucia y arrugada de tanto tocar. Llena de perfume me guardaste en un cajón mientras culpabas al tiempo, bendito tiempo que lo único que había hecho era hacernos coicidir entre tanto universo. 

Y sigo ahí entre las gavetas de lo que pudo ser y nunca será. A sobre cerrado y con las letras marchitas.